Haro


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HARO

La villa de Haro, la perla de La Rioja, es el centro neurálgico de la Rioja Alta y capital de su propia comarca. Haro se encuentra a poco más de 40 km al noroeste de Logroño y su población es de 11.305 habitantes (INE, 2017).

Haro se encuentra en la margen derecha del río Ebro, a pocos kilómetros al sur de la entrada del río por La Rioja a través del paso natural conocido como las Conchas de Haro, el cual separa los montes Obarenes de la Sierra de Cantabria. Rodeado de cerros, Haro se extiende por la fértil llanura que abren el Ebro y su principal afluente en la zona, el Oja-Tirón, cuyos caudales se juntan en el norte de la ciudad. La tierra es fértil y roja, lo que junto a su climatología hacen de Haro un lugar óptimo para cosechar algunos de los mejores vinos de España.

HISTORIA

Hoy Haro es sin duda uno de los centros más sofisticados y refinados de La Rioja, pero en su día fue tierra complicada y guerrera, poblada por los berones. Se cree que su nombre deriva de la existencia de un faro sobre uno de los cerros que rodean la villa encargado de servir de guía para los navegantes que seguían el curso fluvial del Ebro por el río Oja-Tirón, navegable por aquel entonces. El otro posible núcleo original de Haro pudo ser el castro ubicado en los Riscos de Bilibio, próximo a las Conchas de Haro, desde donde los berones tratarían de resistir al empuje romano. En cualquier caso, el origen de la actual villa de Haro se encuentra en el siglo X y ya en 1017 Alfonso VI de Castilla la donó a los señores de Vizcaya, quienes retendrían la ciudad hasta el año 1288, cuando fue conquistada y arrebatada por Sancho IV de Castilla. Hasta ese momento, Haro había ido creciendo y absorbiendo entidades poblaciones de menor nivel como Bilibio y Tondón. La villa pertenecería al realengo de las dinastías castellanas y navarras hasta el siglo XV, cuando Juan II de Castilla la donó a Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro. Haro pertenecería a los Velasco hasta la abolición del feudalismo en el siglo XIX, siglo en el que se produciría el despegue industrial y vitivinícola de la villa, amparado este último en la crisis de la filoxera que afectó a los viñedos franceses. Haro brillaba al calor de uno de los primeros tendidos eléctricos públicos de toda la Pensínsula Ibérica, plantando convenientemente las semillas adecuadas para que sea hoy en día, como muchos proclaman, capital de La Rioja.

FESTEJOS POPULARES

  • Festividad de San Juan, San Felices y San Pedro: celebrada del 24 al 29 de junio, son tres días que concluyen con la famosa Batalla del Vino, proclamada Fiesta de Interés Turístico Nacional en 2011, que tiene lugar en el bonito paraje de los riscos de Bilibio.
  • Fiestas de Nuestra Señora de la Virgen de la Vega: se celebran en función del calendario, pero el prólogo de las fiestas siempre tiene lugar el primer domingo de septiembre con una romería hasta los riscos de Bilibio.
  • Semana Santa.

ASPECTOS SOCIALES Y CULTURALES

Haro cuenta con una variada oferta cultural y en ella tiene un lugar destacado el vino, auténtico motor de la economía de la villa. Al calor de sus preciados caldos se han impulsado el Centro de Interpretación del Vino o el Certamen Nacional de Teatro Garnacha La Rioja, celebrado en el Teatro Bretón de los Herreros, el cual además propone numerosas actividades y proyecciones al cabo del año. Además, cuenta con un museo de arte contemporáneo conocido como Museo del Torreón, ubicado en lo que queda de las históricas murallas y torres que protegían Haro.

ACTIVIDADES

Haro es sin ninguna discusión uno de los lugares más emblemáticos de La Rioja, de visita obligada si lo que se quiere es conocer no solo la tradición vitivinícola de la comarca sino la propia región de la Rioja Alta. Las propuestas que ofrece, por otra parte, son prácticamente inabarcables. Es más, hasta es habitual ver a peregrinos del Camino de Santiago por sus calles, ya que es una etapa importante dentro del camino vascofrancés o interior, como también se le denomina.

El casco histórico de Haro es de una belleza inusitada. La perla de La Rioja guarda numerosos monumentos por doquier. Además, la riqueza que fue acumulando desde el siglo XVI hace que en Haro pueda contemplarse un patrimonio que refleja prácticamente todos y cada uno de los estilos arquitectónicos y artísticos principales desde el renacimiento. Destacan sobre todo las bonitas calles con casas de piedra propias del siglo XIX, los señoriales palacios construidos entre los siglos XVI y XVIII y dos templos religiosos, la basílica de la Virgen de la Vega, un templo barroco del siglo XVIII cuya fabulosa portada anuncia el esplendor que guarda en su interior, y la parroquia de Santo Tomás, construida en sillar durante el siglo XVI en el cerro donde se originó el núcleo de población y con una torre barroca que fue ejemplo para muchas obras posteriores de la Rioja Alta. Cuenta además con cuatro bonitas puertas de acceso a la ciudad, con el formidable puente de Briñas, de siete ojos y cuyo origen se remonta hasta el siglo XIII, y con numerosos jardines y plazas que merece la pena visitar.

Además, Haro cuenta con un rico y variado patrimonio natural, el cual abarca desde la depresión del Ebro hasta los bellos riscos de Bilibio, en San Felices, rincón realmente valorado por los turistas por su belleza y las vistas que ofrece de todo el valle del Ebro. Su cercanía con los Obarenes y la sierra de Cantabria, así como su accesibilidad hacia las tierras castellanas y alavesas que se esconden tras dichos montes, hace que los bosques atlánticos de frondosas caducifolias y tintes mágicos y encantados se puedan disfrutar en el día, por si los sotos y la vegetación ribereña no fueran suficientes.

Todo esto hace que los deportes de aventura (acuáticos y aéreos) y otras actividades como el senderismo y el cicloturismo estén a la orden del día dentro de la variada oferta de Haro. De hecho, los paseos y las rutas por la naturaleza son la mejor forma de conocer los pueblos cercanos a Haro y su comarca, como así lo propicia, por ejemplo, el sendero de Gran Recorrido 99, llamado Camino Natural del Ebro, el cual puede tomarse desde Haro para llegar hasta San Vicente de la Sonsierra pasando por los bonitos parajes de Briñas o Bastida por la margen izquierda del Ebro o hasta la villa medieval de Briones por la margen derecha; la ruta del románico de la Rioja Alta, que en atraviesa los pueblos que, en las faldas de los Obarenes, defendieron los primitivos reinos cristianos del avance andalusí y otros a orillas del río Tirón, como Tirgo, Ochánduri o Cuzcurrita del Río Tirón que parecen haberse quedados anclados en el tiempo; así como la ruta del vino, la cual tiene en Haro su principal etapa, pero ahonda también en los viñedos de otros pueblos de la zona.

Por supuesto, Haro goza de una posición privilegiada para conocer la comarca, así como para lanzarse a visitar los pueblos de la margen derecha del Ebro, el Condado de Treviño y las tierras mirandesas y el corazón de la Rioja Alta: la ruta de los monasterios, un rico recorrido que incluye algunos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad que, al sur de Haro, se extiende desde Casalarreina hasta Anguiano y desde Santo Domingo de la Calzada hasta Nájera.

GASTRONOMÍA

Haro hoy en día es conocida como la ciudad del vino y es el destino enoturístico más selecto de España. Cuenta con numerosas bodegas de probada calidad y tradición que atraen a miles de visitantes al cabo del año. Sus caldos, por tanto, son la base de su bonanza y prosperidad, pero no es menos cierto que Haro ha sabido cuidar al máximo todos los detalles para brindar una experiencia gastronómica inolvidable. Ya sea en los restaurantes de comida riojana tradicional, ya en los locales más vanguardistas o, incluso, en la zona conocida como La Herradura, donde se arraciman los bares de tapas y de copas, los productos estrella de Haro dependen en gran medida de su huerta. De hecho, cada martes y sábado se venden verduras y hortalizas de proximidad en los mercadillos que se congregan en la travesía Siervas de Jesús, y ambas son las auténticas protagonistas de platos como la menestra y otro tipo de revueltos de verduras, los caparrones y las pochas con codornices, los pimientos del piquillo, las patatas con chorizo, el lomo con pimientos o los puerros. Además de en sus carnes, entre las que destacan las chuletillas al sarmiento, la maestría de los fogones riojanos se denota en su preparación de la casquería y sobre todo la de cordero. Bien es cierto que se trata de recetas que no son del agrado de todos los paladares, pero lo cierto es que los callos, los patorrillos, las criadillas, los embuchados, las delgadillas de Haro y las asadurillas, así como los caracoles brillan con nombre propio.

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